DEMENCIAS Y LOGOPEDIA: RETOS Y OPORTUNIDADES EN EL SIGLO XXI

 

Beatriz Valles González

Clínica de Logopedia. Fundación Lluís Alcanyís-Universitat de València

Col·legi Oficial de Logopedes de la Comunitat Valenciana



La demencia, también denominada “Trastorno Neurocognitivo”, es una entidad progresiva y crónica del sistema nervioso central que afecta las funciones cognitivas superiores (pensamiento, lenguaje, memoria). Puede ser definida como un síndrome que agrupa síntomas como la afasia, la apraxia y la agnosia, los cuales se manifiestan desde el inicio con diversos grados de afectación o de severidad (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), American Psychiatric Association, 2013). 

Este síndrome se manifiesta con mayor frecuencia a partir de los 70 años de edad, siendo la más común la Enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, existen diversos tipos, con sintomatología particular que pueden presentarse a edades más tempranas. Como por ejemplo algunos tipos de demencia Frontotemporal, como las Afasias Progresivas Primarias en sus tres variantes: No Fluente, Semántica y Logopénica; la demencia producida por la Enfermedad de Alzheimer de base genética o la que se relaciona con la Enfermedad de Parkinson. De ahí que se debe tener en cuenta que personas adultas jóvenes (menores de 60 años), en plena etapa productiva, pueden verse afectadas por este síndrome, hecho que provoca un impacto en la esfera personal o familiar, y en el contexto laboral o social, muy diferente al que puede presentarse en personas mayores.

Los diversos cuadros de deterioro cognitivo engloban un conjunto de síntomas muy diversos que no incluyen solamente la pérdida de la memoria ni  afectan sólo a personas de mucha edad. De hecho, las demencias poseen una sintomatología amplia que incluye los trastornos en la memoria reciente, en la memoria de trabajo, pero además incluyen fallos importantes en la función lingüística y por ende en la comunicación. Por todo esto, desde la primera etapa de la enfermedad, la persona con demencia manifiesta dificultades en el acceso al léxico o fallas a nivel léxico-semántico (parafasias, circunloquios, anomia), limitaciones para coordinar la producción de los movimientos del habla (disartrias, apraxias) y para masticar o tragar (disfagia). Todos estos síntomas se van agravando a medida que se deterioran el control ejecutivo y motor, lo que provoca un impacto negativo en la capacidad de recordar, en la actividad sensorial, en la capacidad de leer y de escribir, en la movilidad y en la conducta en general (Valles González y Rosell-Clari, 2016).

Cabe destacar que la Organización Mundial de la Salud (2015) señala que existen más de 47,5 millones de personas con demencia y se reportan 7,7 millones de nuevos casos cada año. Las estadísticas sobre población muestran que España posee una esperanza de vida que se ubica como la segunda más alta de Europa y la tercera más alta del mundo. Los varones españoles tienen una esperanza de vida de 80 años y las mujeres de 85,6 (Ferrándiz, 2014). Otro dato importante a considerar es que actualmente en este país viven aproximadamente unas 600.000 personas que padecen demencia, de las cuales 400.000 son del tipo Alzheimer (De Pedro, 2014), y que en 2052, el grupo de personas mayores de 64 años constituirá el 37% de la población española, por lo que el números de posibles afectados puede crecer.

A partir de estos datos, el logopeda enfrenta una tarea altamente compleja al atender a la población afectada por las demencias, pues su diagnóstico crece exponencialmente con el aumento de la población mayor a nivel mundial, lo que le obliga por una parte, a redefinir sus objetivos de trabajo para ajustarse a una situación insalvable en los actuales momentos: sus pacientes irán perdiendo funciones cognitivas, lingüísticas y motoras de manera inexorable. Por otra parte, le exigen la puesta en marcha de un modelo de intervención interdisciplinar centrado en ralentizar los efectos de esta enfermedad y en garantizar a los pacientes, a sus cuidadores y a sus familias, la mejor calidad de vida posible. 

Cabe destacar que el logopeda debe diseñar estrategias de evaluación y de atención directa que respeten los derechos de esta población y reconozcan que cuando se atiende a una persona con demencia, nuestro esfuerzo profesional no va dirigido a “reparar” o eliminar la discapacidad, pero sí a apoyar el logro de un desarrollo integral para el cual la comunicación interpersonal es fundamental (Mac Kay y Valles González, 2018).

La situación planteada representa un reto para nuestro sistema de salud pública y nos enfrentan a varios interrogantes: ¿Tenemos en España suficientes profesionales especializados en la atención integral de las personas mayores con deterioros cognitivos? ¿Reciben los logopedas la formación necesaria para atender a esta población?

El proceso de envejecimiento global que sufre la población a nivel mundial obliga a que los logopedas desarrollemos estrategias diagnósticas que permitan diferenciar perfiles de funcionamiento lingüísticos normales de otros que pueden sugerir la presencia de síntomas de deterioro cognitivo-lingüístico en etapas tempranas y diseñar estrategias de atención ajustadas a las necesidades que presenta la persona con demencia en cada etapa de su enfermedad. En la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención Integral a las Personas con Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias (Ministerio de Sanidad, Política social e Igualdad, 2010) se señala que el equipo multidisciplinar básico que se precisa en la atención de las personas con demencia, debe estar conformado por profesionales de la neuropsicología, enfermería, trabajo social, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y logopedas. 

Como conclusión podemos afirmar que para atender de forma idónea a la población afectada por la demencia es necesario que los profesionales de la logopedia adquieran una formación específica, razón que obliga a las universidades a diseñar programas de formación teórico-práctica que permitan diseñar e investigar sobre nuevas técnicas de diagnóstico y de atención directa. Además, el sistema de salud debe ampliar la contratación de logopedas a nivel nacional, para alcanzar la mayor cobertura posible de las personas afectadas y para realizar labores de detección temprana las demencias.

 

 Referencias

 1. American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM. 5th ed. Washington.

 2. De Pedro Cuesta, J. (2014). Prevalencia de la demencia en España. Disponible en http://www.ciberned.es/noticias/blog/418-prevalencia-de-lademenciaenespana.html. 

 3. Ferrándiz Manjavacas, F. (2014). XI Conferencia Riicotec. Sesión: Situación y perspectivas de las políticas públicas de atención a los adultos mayores en los países de Iberoamérica”. Disponible enhttp://www.riicotec.org/InterPresent2/groups/imserso/documents/binario/espaafranciscoferrandiz.pdf

 4. Mac Kay, A y Valles González, B. (2018).  Fonoaudiología y Derechos Humanos. Revista CASUS. Vol. 3 Nº 2 117-122

 5. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. (2010). Guía de Práctica Clínica sobre la Atención Integral a las Personas con Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias. España.

 6. Organización Mundial de la Salud. (2015). Thematic briefs for the First WHO Ministerial Conference on Global Action Against Dementia, 16-17 March 2015. Disponible en http://www.who.int/mental_health/neurology/dementia/thematic_briefs_dementia/en/

 7. Valles-González, B y Rosell-Clari, V. (2016). Programa de estimulación de las habilidades metalingüísticas en la Teoría de la Mente (ToM) para personas con demencia: un estudio piloto. Lingua Americana. Venezuela Año XX Nº 38 Enero-Junio 2016.

 

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